domingo, 15 de marzo de 2015

Hat Trick

Hay quien piensa que en el mundo hay quien tira de los hilos. La cultura de la conspiración plantea una inteligencia central que organiza de manera premeditada y alevosa las cosas y hace que estas sucedan de una manera determinada y no de otra. Sin embargo parece poco probable. Resulta más verosímil que haya quien teniendo la capacidad de intervenir y de salvar un cierto orden social, político o económico, permita que se extienda la entropía y con ella se liberen el desorden y el caos. ‘A río revuelto ganancia de pescadores’ dice el refranero y así una estrategia de éxito es la de remover el fondo para enturbiar el agua. Una situación de orden, ya sea de tipo bucólico en un arroyo de alta montaña, o de naturaleza regulatoria o normativa en un marco social o económico determinados, impide que ni la pesca ni tampoco el beneficio puedan ir más allá de lo previsible. Es cuando se introduce el riesgo y con él la incertidumbre, eso es, cuando se barre el cieno del fondo hasta hacer que no haya pez que sepa si va o si vuelve, que se llenan las redes al máximo. Por eso generar riesgo es una estrategia infalible cuando se trata de crear las condiciones consideradas como ‘idóneas’ por aquellos ‘pescadores’ que persiguen un provecho o un lucro desproporcionados.

Y hay muchos caminos para producir riesgo. O bien se aprovechan los resquicios en la normativa, ya sea financiera, medioambiental, o laboral, o se exige directamente por mor del mercado, que se suelten las riendas y se desregule lo que antes estaba bien organizado. En el caso de la política, sobre todo a nivel global, la desregulación se acompaña habitualmente de la eliminación de las estructuras de gobierno. El riesgo comporta la inmensa ventaja de que como en el caso de los peces y el lodo, produce en los humanos un estado de confusión y miedo que los hace más previsibles en sus reacciones y por tanto más controlables. En la negociación de un expediente, en el diagnóstico de una epidemia grave o cuando las sirenas invaden las calles de una ciudad asediada, las personas son más fáciles de convencer sobre cuál es el acuerdo, solución o medicina que les permita recuperar normalidad y calma. Naomi Klein describió con mucho acierto la estrategia del shock y su asombroso periplo histórico, partiendo del Chile de Pinochet, hasta llegar al huracán Katrina en Nueva Orleans, pasando por Sudáfrica, Polonia o los tigres asiáticos. El shock se aprovecha, cuando viene en forma de catástrofe natural, o se genera, como en el caso de la hiperinflación o de la deuda extrema.

A donde no llegó Klein, pero que debe ser interpretado en los mismos parámetros, es a la historia de las subprime y a la explosión de la crisis financiera en el año 2008. La titularización de activos tóxicos y su comercialización a gran escala, granjeó enormes beneficios a un buen número de actores financieros. Esa es otra característica de la crisis. El riesgo, ya sea para el medio ambiente cuando se contamina el agua o el aire, o a nivel financiero, cuando se envilece contabilidad y balances, acarrea habitualmente un ahorro o beneficio significativos. También cuando se desestabiliza una región mediante la venta de armas, o se empeora la sanidad o la educación para hacer más atractivo el sector privado, el provecho es casi inmediato. El riesgo que se crea es especialmente interesante si puede ser controlado. Así sume a las personas, ya sean clientes, accionistas, trabajadores o ciudadanos en un estado de incertidumbre constante que los hace más manipulables. Cuando no es posible mantener el riesgo y estalla la crisis en toda su fuerza, eso es, el aire se hace irrespirable, hay una crisis humanitaria, un despido colectivo o una suspensión de pagos, la situación parece ingobernable, pero la mayor parte de las veces comporta un empuje casi decisivo para permitir una nueva transferencia de riqueza.

Como se vio en la reciente crisis financiera, y a excepción de los EEUU, donde se aplicó algo más de mano dura, en el caso de Bankia o de Caixa Catalunya, la deuda privada que se había generado se convirtió por arte de magia en deuda pública. Y, si no es en la propia crisis, es en lo que se conoce como ‘rescate’ donde se acaba de reorganizar todo en función de unos pocos intereses. La empresa se deslocaliza para producir más barato, se consiguen grandes contratos para la reconstrucción, o se reciben créditos de bancos centrales a precio de saldo. La resolución de la crisis que sucedió al riesgo, es el tercer gol en la estrategia del beneficio máximo, lo que en términos futbolísticos vendría a completar un hat trick en toda regla. Nada de lo que ha sucedido se ha provocado de manera directa, sino que es el pulso de la codicia, la laxitud y la tolerancia las que han obrado el milagro. Frente a la estrategia del riesgo, y los campeones del hat trick económico, social y financiero, no queda otra alternativa que recuperar la normativa, la regulación y el control sobre la realidad y sus mecanismos, ya sean económicos, productivos, ambientales o financieros. Tal vez la sostenibilidad resulte algo más aburrida, pero es la única manera para hacer viable la democracia, promover la justicia y encaminar algo tan importante como la paz política y social en el mundo.

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